Lo que tengo te doy
Corrían tiempos donde nuestro país vivía situaciones un tanto difíciles, altas tasas de desempleo, índices que no alentaban, se solían ver largas colas de personas con rostros demacrados por la preocupación; el desanimo, y al preguntar para que era esa cola, al unísono te contestaban tal vez con las ultimas esperanzas, es por un aviso de trabajo…y ahí uno entendía todo el cuadro.
La gran necesidad era moneda corriente, las noticias hablaban de niños desnutridos en Tucumán y en otros focos donde los desarreglos de la economía de un país, dejaban huella difíciles de superar.
Una mañana el Pastor Carlini se encontraba con un grupo de hermanos y este era el tema en cuestión, él, nos compartía de su preocupación y de una palabra de Dios que había tocado muy fuerte en su espíritu, en Hechos, capitulo 3, que dice “cuando Pedro y Juan, discípulos de Jesús, se encuentran con un hombre pidiendo limosna y Pedro le dice…No tengo plata, ni oro, pero lo que tengo te doy…”y allí, surgió un ministerio que se extendía con brazos abiertos a aquellos mas necesitados. Nuestra Iglesia, es una entidad que vela por el prójimo, dado que el corazón de nuestro pastor fue siempre el extender una mano al necesitado, cubriendo no solo la carencia física, sino también la espiritual. Los hermanos respondieron como nunca, las donaciones de alimentos, ropa y tanta otras cosas comenzaron a llegar, las que junto a unas compras importantes que la iglesia aporto, nos llegamos a un frío domingo de invierno a un asentamiento irregular cercano a nuestro templo.
Lo que tengo te doy, agrupo a hermanos que se dispusieron a colaborar con lo que cada uno tenia, peluqueros se ofrecieron para cortarle el pelo a los niños, enfermeros y parte de un equipo de médicos, con asistencia a aquellos enfermos, jóvenes con títeres, mimos y golosinas, entretenían regalando un poco de sonrisas a los mas chiquitos, profesionales también se llegaron para asesorar a aquellos indocumentados y asi cada uno conforme a las bendiciones que de Dios recibían…
En cada una de estas actividades se repartían 2000 bolsones de alimentos, ropa que las hermanas del costurero acondicionaban con tanto cariño, para luego ser distribuidas, a la fecha aun el costurero es un aporte más de este ministerio a los hermanos y aquellos que se llegan a las puertas de nuestro templo, solicitando ayuda.
Se realizaron en varios puntos de la ciudad y también llego a las islas que se encuentran frente a nuestra ciudad.
Allí, un grupo de hermanos que también exponiendo la realidad social que vivían los isleños, manifestaron la oportunidad de llegarnos para ayudarlos. Y así fue, en la lancha de la Iglesia, cruzamos el Río Paraná, y a otros lugares de las tierras Entrerrianas, visitando las escuelas y hogares de familias, llevando alegría a los niños con juguetes, alimentos y payasos.
Hemos visto la mano de Dios en cada oportunidad que “Lo que tengo te doy” se llego a bendecir, no solo recibían para suplir su necesidad, sino también recibían nuevas fuerzas, y esperanza por medio de la palabra de Dios….Muchos aceptaban a Jesús, como su Señor y salvador, y a la fecha muchos de ellos, hoy se encuentran sirviendo al Señor con todo su corazón, felices y bendecidos.



